Europa obligará a informar cuándo interviene la inteligencia artificial
Desde el 2 de agosto de 2026, las empresas que operen en la Unión Europea deberán avisar cuando los usuarios interactúen con IA o consuman contenido generado o modificado por esta tecnología.
El 2 de agosto de 2026 entra en vigor una nueva fase de obligaciones de transparencia de la Artificial Intelligence Act de la Unión Europea. Desde esa fecha, los ciudadanos deberán ser informados cuando interactúen con un sistema de inteligencia artificial o vean contenido generado o alterado por esta tecnología.
La norma pretende reducir el engaño y la manipulación, además de ayudar a los usuarios a tomar decisiones informadas dentro del objetivo europeo de impulsar una inteligencia artificial confiable. Su alcance incluye ámbitos cotidianos como los anuncios, las recomendaciones musicales, las aplicaciones de gestión de calendarios y las líneas telefónicas de atención de reclamaciones.
Los anuncios o publicaciones corporativas en redes sociales que utilicen deepfakes tendrán que incorporar una etiqueta que indique que han sido generados por IA. Los chatbots y las líneas de atención que gestionen reclamaciones u otros asuntos también deberán declarar claramente que funcionan con esta tecnología.
Los centros de llamadas que empleen aprendizaje automático para analizar las emociones de los usuarios o detectar su frustración tendrán que comunicarlo al comienzo de la llamada. La obligación también cubrirá usos comerciales como concertar citas, gestionar correspondencia o negociar contratos.
El incumplimiento puede acarrear multas de hasta 15 millones de euros o del 3 % de la facturación anual mundial de la empresa, aplicándose la cifra que sea mayor. Los desarrolladores de modelos también quedarán sujetos a la ley y serán supervisados por la AI Office de la Comisión Europea. La medida no se limita a empresas como OpenAI, Anthropic y Google DeepMind: también puede afectar a compañías como Spotify, por sus recomendaciones basadas en IA, o Adobe, por sus funciones de edición en Photoshop.
La amplitud de las nuevas exigencias ha generado preocupación por una posible saturación de avisos. Boniface de Champris, responsable de política de IA en la Computer & Communications Industry Association, advirtió de que un etiquetado excesivo podría provocar una especie de “ceguera ante los banners”, con notificaciones constantes que terminarían restando significado a las etiquetas. El riesgo, según esta crítica, sería que se exigiera identificar desde correos electrónicos con corrección ortográfica automática hasta fotografías modificadas con un filtro.
El escenario recuerda a la aplicación del General Data Protection Regulation (GDPR) en 2018. Aquella norma concedió nuevos derechos a los consumidores para entender y controlar el uso de sus datos personales, pero también extendió por la web las ventanas de consentimiento para cookies y desencadenó una carrera de adaptación entre las empresas.
La aplicación de la Artificial Intelligence Act afronta además dificultades técnicas y regulatorias. Algunos términos todavía requieren directrices específicas de las autoridades, y las obligaciones deberán integrarse en los sistemas subyacentes de las compañías. La Unión Europea ha establecido un periodo transitorio hasta diciembre para que los proveedores de modelos etiqueten en un formato legible por máquinas el audio, las imágenes, el vídeo y el texto sintéticos, de forma que puedan detectarse como contenido generado por IA.
Otros plazos de cumplimiento se han retrasado porque la AI Office ha tardado más de lo previsto en preparar directrices esenciales. Los 27 Estados miembros también se encuentran en distintas fases de creación de sus estructuras de supervisión. Por ese motivo, la aplicación de las sanciones podría no ser inmediata ni uniforme desde el primer día.
Aun con esas diferencias, la regulación puede cambiar de forma profunda las decisiones empresariales. Las compañías tendrán que decidir si mantienen sistemas basados en IA y transparentan su uso, si vuelven a procesos manuales o si optan por herramientas que no empleen esta tecnología. La nueva fase de la norma hará más visible hasta qué punto la inteligencia artificial ya está integrada en las actividades diarias y comerciales de Europa. Fuente: WIRED.