El 14 de agosto de 2026, el juez de Connecticut Walter Spader Jr. identificó lo que parece ser el primer intento de un demandante en Estados Unidos de ocultar instrucciones en escritos judiciales para que solo las leyera un sistema de inteligencia artificial. El litigante, Matthew Elliott, había demandado a un proveedor sanitario por supuestamente impedirle acceder a sus registros.
El texto estaba escrito con un tamaño diminuto y en color blanco sobre fondo blanco. Ordenaba a cualquier sistema de IA que analizara el documento respaldar los argumentos de Elliott, ignorar decisiones previas del tribunal y asegurar una solución favorable a sus intereses. Spader determinó que las instrucciones no tuvieron efecto y que la Connecticut Judicial Branch no utiliza IA para revisar o decidir escritos.
Elliott sostuvo que la instrucción principal pretendía auditar al tribunal por temor a que estuviera permitiendo que la IA decidiera casos de forma injusta. El juez rechazó esa explicación y señaló que, si esa era su preocupación, podía haberla expresado con texto visible. Según Spader, ocultar el contenido demostraba su propósito malicioso.
El litigante siguió incorporando mensajes ocultos después de recibir una advertencia sobre posibles sanciones. Algunos incluían bromas, un enlace a un vídeo de Nosferatu y textos sin sentido. El juez consideró que el uso encubierto de esos mensajes justificaba sanciones, aunque no impuso una multa. En su lugar, prohibió a Elliott presentar documentos electrónicamente y le obligó a utilizar escritos en papel.
Spader advirtió que los tribunales deben prepararse para nuevos intentos de inyección de instrucciones en documentos, una técnica que ya se ha utilizado en otros ámbitos y en un caso de Brasil. También señaló que el debate sobre IA en la justicia se ha centrado hasta ahora en problemas como citas inventadas y declaraciones fabricadas, pero que los sistemas deberán abordar igualmente los riesgos asociados a las instrucciones introducidas en los documentos.
El juez vinculó el incidente con el uso de chatbots por parte de litigantes que se representan a sí mismos. Según Spader, estas personas suelen pedir a la IA que defienda únicamente su posición, en lugar de comprobar los hechos o considerar los argumentos contrarios. Esa tendencia puede reforzar sus errores y llevarles a mantener argumentos incluso después de que un tribunal los haya rechazado.
Fuente: Ars Technica.